Un ingeniero inventor, una planta en Barracas y cientos de desarrollos para las alimenticias

En 1994, el ingeniero industrial Armando Aguirre, entonces cercano a los 40 años y con casi dos décadas de experiencia en la industria alimentaria, inició un emprendimiento personal dedicado a la importación de ingredientes para la elaboración de alimentos, bajo el nombre AMG. Comenzó con dos clientes y un producto clave: el conservante biológico Niacina, que introdujo al país y con el cual abasteció a empresas como Mastellone y Sancor.

un-ingeniero-inventor,-una-planta-en-barracas-y-cientos-de-desarrollos-para-las-alimenticias

“Actualmente, la Niacina es el conservante número uno y se utiliza en toda la industria láctea a nivel mundial. Hace 30 años existía un único fabricante global, hoy son diez”, relata su hijo Ignacio Aguirre.

Para el año 2000, el fundador dio un paso adelante, pasando de importador a fabricante, con la construcción de una planta industrial propia en el barrio de Barracas. Desde entonces, esta planta produce insumos para la industria de alimentos y bebidas, tanto bajo licencia de empresas extranjeras como a partir de desarrollos propios.

“Se trata de un modelo B2B. Nosotros no fabricamos productos de consumo masivo, sino que proveemos a las empresas alimenticias”, explica Ignacio, quien hoy dirige la empresa familiar que ya supera las tres décadas y atraviesa su primera transición generacional. Armando Aguirre permanece como consejero, aunque alejado de la gestión cotidiana.

“Para el próximo año, basados en las tendencias globales actuales, estimamos lanzar entre 20 y 30 nuevos productos. Algunos ya están en el mercado, como una línea con proteína que ayudamos a desarrollar, que responde a la demanda emergente del mercado”, anunció Aguirre. En la planta de Barracas trabajan 20 personas.

“La planta propia nos otorgó una nueva dimensión comercial, porque nos permitió desarrollar productos propios y mezclas en polvo que la industria necesitaba. En ese período creamos productos que aún se siguen utilizando, como el ’flow’, un antiapelmazante para queso rallado en bolsas”, detalló.

Otra línea que comenzó a fabricarse en Barracas fue la de premezclas para fortificación. “Las premezclas de fortificación nos impulsaron a incorporar productos en alimentos nuevos, como bebidas, panificados y leches fortificadas. Esos productos los fabricamos nosotros”, añadió Ignacio, Administrador de Empresas y uno de los tres hijos del fundador. AMG prevé una facturación cercana a los 4 millones de dólares para este año.

Consultado sobre el proceso de desarrollo de estos ingredientes, Ignacio explicó: “Cuando empezamos a fabricar premezclas atendimos la necesidad de producir alimentos fortificados para incorporar vitaminas y minerales. Asesoramos a las empresas y producimos mezclas con diferentes combinaciones, por ejemplo, cinco vitaminas y cinco minerales, o diez vitaminas, abarcando la parte compleja del desarrollo de fórmulas”.

Una parte clave del negocio desde sus inicios ha sido el suministro de soluciones para bodegas. “Trabajamos con la industria vitivinícola desde 2002, basados en un desarrollo de mi padre. Ese sector representa hoy el 30% de nuestra facturación, lo cual es significativo, ya que el sector no atraviesa un buen momento. Por eso, estamos enfocados en introducir productos nuevos y seguir las tendencias globales”, apuntó.

La planta de AMG en Barracas ha evolucionado con el tiempo, obteniendo certificaciones de calidad como ISO en 2013 y, más específicamente, la FSSC 22000. Además, renovaron toda la maquinaria en 2022. Para este año, la empresa espera alcanzar una facturación de 4 millones de dólares.

“Implementamos maquinaria de alta tecnología para reducir tiempos y consumo de agua. La certificación FSSC 22000 fue fundamental, porque es la más importante a nivel mundial en cuanto a calidad y seguridad alimentaria. Este reconocimiento nos permitió trabajar con grandes empresas, que requieren proveedores certificados, algo poco común en Argentina hasta 2017”, explicó Aguirre.

Actualmente, AMG elabora 250 productos que comercializa a 220 clientes, abarcando sectores como lácteos, panificados, cárnicos, snacks y bebidas. “Seguimos produciendo conservantes, que fueron nuestro origen, pero nos enfocamos cada vez más en productos funcionales, como la proteína, que es la tendencia del mercado y presenta una gran oportunidad”, comentó.

Esta nueva línea tuvo un impulso clave al asociarse con la fabricante china de levaduras Angel Yeast, que cotiza en la bolsa de Shanghái. “El año pasado lanzaron a nivel mundial una proteína obtenida por fermentación, un ingrediente funcional que responde a la creciente demanda proteica del consumidor. Por eso, todas las empresas están reformulando sus productos para incorporar mayor cantidad de proteínas”, concluyó Ignacio Aguirre.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí